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Tu voz crítica interna no siempre está en tu contra
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Nicole Haeussler·21 de octubre de 2026
Psicóloga · Fundadora de PsicoProfile®

Tu voz crítica interna no siempre está en tu contra

¿Qué intenta proteger esa voz que te exige, corrige y anticipa errores? Una reflexión sobre crítico interno, perfeccionismo, seguridad personal y autoconocimiento.

Hay una voz que muchos conocemos bien.

La que aparece después de una reunión y dice:

“Podrías haberlo hecho mejor.”

La que vuelve sobre una conversación:

“¿Por qué dijiste eso?”

La que recibe un reconocimiento y rápidamente agrega:

“Tampoco fue para tanto.”

O la que, antes de empezar algo nuevo, ya está anticipando todo lo que podría salir mal.

Solemos llamar a esa voz nuestro crítico interno.

Y muchas veces intentamos combatirla.

Callarla.

Pensar más positivo.

Dejar de exigirnos tanto.

Pero hay algo que me parece más interesante que intentar eliminarla:

comprender qué está intentando hacer por nosotros.

Porque no siempre esa exigencia nació para hacernos daño.

A veces aprendimos a exigirnos porque equivocarnos nos hacía sentir inseguros.

A veces aprendimos a anticiparnos porque estar preparados nos daba tranquilidad.

A veces aprendimos a hacerlo muy bien porque el reconocimiento de los demás se convirtió en una forma importante de sentirnos valorados.

Y a veces aprendimos a criticarnos antes de que alguien más pudiera hacerlo.

Entonces esa voz que hoy puede resultar agotadora quizás alguna vez tuvo una función:

protegernos.

El problema aparece cuando seguimos necesitando esa protección incluso en situaciones donde ya no la necesitamos.

Cuando hacer algo bien deja de ser suficiente porque siempre podría haber sido mejor.

Cuando un error pesa más que diez aciertos.

Cuando recibimos un elogio y lo minimizamos, pero una crítica puede acompañarnos durante días.

Cuando nuestra manera de avanzar consiste permanentemente en mostrarnos lo que todavía nos falta.

Y aquí aparece algo que para mí es fundamental:

comprender no significa justificar.

Puedo comprender por qué soy tan exigente conmigo y, al mismo tiempo, decidir que ya no quiero tratarme de esa manera.

Puedo reconocer que mi perfeccionismo me ayudó a conseguir muchas cosas y también preguntarme cuánto me está costando sostenerlo.

Puedo agradecer lo que esa forma de funcionar hizo por mí sin permitir que siga dirigiendo cada decisión.

Porque cuando peleamos contra una parte de nosotros, muchas veces terminamos agregando una nueva crítica:

“Además de equivocarme, no debería sentirme así.”

Y volvemos al mismo lugar.

Quizás el camino no sea reemplazar esa voz por otra que nos diga que todo está perfecto.

Quizás sea desarrollar una voz más adulta dentro de nosotros.

Una que pueda decir:

“Sí, podrías haberlo hecho diferente. Veamos qué puedes aprender.”

Pero también:

“Lo que hiciste fue suficiente.”

Una voz capaz de ayudarnos a crecer sin necesitar disminuirnos para conseguirlo.

Para mí, eso también es liderazgo personal.

No dejar de exigirme.

Sino aprender a distinguir cuándo mi exigencia me impulsa y cuándo simplemente me mantiene intentando demostrar que soy suficiente.

Porque hay una enorme diferencia entre querer hacer las cosas bien y sentir que necesitamos hacerlas perfectas para poder estar bien con nosotros mismos.

¿Qué intenta proteger tu crítico interno cuando te exige tanto?

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